Xavier Rotllant de Franch-PIN
Tan sólo con mirarle los ojos se veía
que era un marinero. Un navegante de los de antes, de los que
aman la mar, la entienden y sobretodo la respetan.
Nació en Capellades el 22 de mayo de 1928.
A los 17 años comenzó a trabajar en
una compañía de colorantes textiles, la CIBA. Al
mismo tiempo, estudió perito químico en la Escuela
Industrial. Se casó con Tina Estelrich March en 1954 y
tuvieron 4 hijas.
En el año 1946 comenzó a competir
en saltos de trampolín y de palanca, y lo hizo durante
23 años (hasta 1969). Fue 4 años campeón
de Cataluña y 4 años campeón de España.
Participó en 8 ocasiones en competiciones internacionales.
En 1969 fue a trabajar como gerente de la CIBA a
Medellín, Colombia. En 1973 regresó a Barcelona
y comenzó su vida de navegante. El "Fumarel",
un tornado 31, fue su primer barco. En 1977 adquirió el
segundo: el "Anoia".
Al entrar en su barco, el "Anoia", se
podía leer en un cartel:
"Aquí, el único peligro es el
fuego"
Yo lo conocí un día navegando en un
barco y quedé impresionado.
Fuerte, ingenioso, muy terco, amigo de los amigos
y con dos obsesiones: la mar y las frigorías.
Siempre pendiente del hielo de su congelador, convertía
todas las singladuras en auténticas fiestas.
En las "Mare Nostrum", mientras todos
estábamos pendientes de aquella ventolina, Pin disfrutaba
comentando por radio el cóctel y la cena que estaba preparando,
casi siempre filete a la pimienta.
Un hombre que había triunfado en el mundo
de los negocios, de repente se dio cuenta de que ese no era el
camino, que el camino era la mar.
Últimamente vivía en su barco en Palma
de Mallorca, con el "Anoia" repleto de trastos y aparatos;
siempre a punto para salir a navegar.
En una Palma-Alguer, casi a la llegada, salvó
a una pareja que estaba desvalida en una moto de agua ya al anochecer.
Le deben la vida.
De noche y en tierra era imparable. Una copa en
cada taberna. Ah! Y todas diferentes. Al día siguiente
volvía a estar en forma, mientras los demás nos
arrastrábamos resacosos por la cubierta.
La vida le dio tristezas y alegrías. Pero
en la mar encontró la paz y la felicidad.
Como él diría, se fue con el bolsillo
de estribor y el de babor bien llenos de amigos e ilusiones.
Murió el pasado agosto en Capellades, aunque
parezca mentira,
MIRANDO LA MAR
Víctor Sagi
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