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Mare Nostrum 2002
Rotllant


Xavier Rotllant de Franch-PIN

Tan sólo con mirarle los ojos se veía que era un marinero. Un navegante de los de antes, de los que aman la mar, la entienden y sobretodo la respetan.

Nació en Capellades el 22 de mayo de 1928.

A los 17 años comenzó a trabajar en una compañía de colorantes textiles, la CIBA. Al mismo tiempo, estudió perito químico en la Escuela Industrial. Se casó con Tina Estelrich March en 1954 y tuvieron 4 hijas.

En el año 1946 comenzó a competir en saltos de trampolín y de palanca, y lo hizo durante 23 años (hasta 1969). Fue 4 años campeón de Cataluña y 4 años campeón de España. Participó en 8 ocasiones en competiciones internacionales.

En 1969 fue a trabajar como gerente de la CIBA a Medellín, Colombia. En 1973 regresó a Barcelona y comenzó su vida de navegante. El "Fumarel", un tornado 31, fue su primer barco. En 1977 adquirió el segundo: el "Anoia".

Al entrar en su barco, el "Anoia", se podía leer en un cartel:

"Aquí, el único peligro es el fuego"

Yo lo conocí un día navegando en un barco y quedé impresionado.

Fuerte, ingenioso, muy terco, amigo de los amigos y con dos obsesiones: la mar y las frigorías.

Siempre pendiente del hielo de su congelador, convertía todas las singladuras en auténticas fiestas.

En las "Mare Nostrum", mientras todos estábamos pendientes de aquella ventolina, Pin disfrutaba comentando por radio el cóctel y la cena que estaba preparando, casi siempre filete a la pimienta.

Un hombre que había triunfado en el mundo de los negocios, de repente se dio cuenta de que ese no era el camino, que el camino era la mar.

Últimamente vivía en su barco en Palma de Mallorca, con el "Anoia" repleto de trastos y aparatos; siempre a punto para salir a navegar.

En una Palma-Alguer, casi a la llegada, salvó a una pareja que estaba desvalida en una moto de agua ya al anochecer. Le deben la vida.

De noche y en tierra era imparable. Una copa en cada taberna. Ah! Y todas diferentes. Al día siguiente volvía a estar en forma, mientras los demás nos arrastrábamos resacosos por la cubierta.

La vida le dio tristezas y alegrías. Pero en la mar encontró la paz y la felicidad.

Como él diría, se fue con el bolsillo de estribor y el de babor bien llenos de amigos e ilusiones.

Murió el pasado agosto en Capellades, aunque parezca mentira,

MIRANDO LA MAR

Víctor Sagi

 



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