27 años de Regata
La vela entonces - Primera del Mediterráneo - Innovaciones - Barcos más modernos, sponsors, competición más cerrada
- Quien es quien - Los años de la crisis - Solitarios y A Dos: Normalidad - Progreso Técnico
¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!
Desde las heróicas primeras
ediciones, impulsadas por el director y fundador de Yate y
Motonáutica, a la regata establecida que es ahora, la Mare
Nostrum ha servido siempre de refugio y trampolín para todos
los navegantes con ganas de mar abierto
En 1973, cuando Antonio
Beghetti logró poner en marcha la primera regata Mare Nostrum,
en España casi nadie tenía piloto automático. Los doce temerarios
que Beghetti logró reunir en el Real Club Marítimo de Barcelona,
aquel día 6 de septiembre, salieron en dirección a Palma con
la sensación de lanzarse a una experiencia parecida a la de
los astronautas del Apolo.
Antonio Beghetti
El ingeniero y navegante
Javier Simó se trajo a Barcelona tres ejemplares del piloto
que él mismo fabricaba, inspirado en el ATOMS, que instalaron
varios de los participantes pocas horas antes de la salida.
Otros habían comprado, a
última hora también, un sucedáneo que proponía en aquel tiempo
Plastimo, una veleta conectada directamente a la caña, cuya
utilidad se mostró nula.

El timón de viento del Sake ya no funciona. 1977
Muchos, como el doctor Juan
Guiu o quien firma esto, salimos sin nada. Condenados a pasar
horas y horas agarrados a la caña. Dispuestos a acuartelar
el barco si entraba viento y había que cambiar el génova,
que en aquel tiempo iba todavía con garruchos.

Juan Guiu
Como medios de navegación
remolcábamos por la popa las correderas Walker, más de fiar
que las electrónicas, y usábamos radiogoniómetros Seafix.

LA
VELA ENTONCES
Hay que entender que aquello
ocurría en España, donde hace 25 años la vela registraba un
atraso considerable con respecto a países como Francia, para
decir algo.
Sí que había industria náutica:
se fabricaban en poliéster veleros como el Sirocco, el Supermistral,
varios Pumas, la Geisha, el Daymio. Plana y Banks hacían velas.
Solé ya había introducido sus motores diesel marinizados para
barcos deportivos.
Pero es que fuera se corrían
transatlánticas, se daban vueltas al mundo, los periódicos
publicaban notícias sobre vela. Desde aquí mirábamos lo que
ocurría más allá de las fronteras con envidia y admiración.
En el país vecino se llevaban
ya varias ediciones de la regata en solitario de L’Aurore,
precursora de la actual Figaro, y sus navegantes tenían experiencia
en la vela en solitario.

...y el patrón? ¡Cocinando los Espaguetis!
Algunos de los que luego
alcanzarían el estrellato, como los Follenfant, Gahinet o
Poupon, ya usaban unos pilotos con péndulo llamados Atoms,
capaces de gobernar incluso con el spi arriba. También empezaban
a ensayar enrolladores para los foques, o sistemas para dominar
el spi, y disponían de radios VHF, mucho más efectivas que
el primitivo 27 megaciclos con que nos intentábamos comunicar
aquí.

PRIMERA DEL MEDITERRÁNEO
El fundador y primer director
de esta revista, además de un entusiasta, ha sido siempre
un visionario. Su sueño era hacer de la Mare Nostrum el motor
y caldo de cultivo de la vela de altura española. Como ocurría
con la Aurore en Francia, la Mare Nostrum tenía que hacer
surgir navegantes, animar a hombres con inquietudes que buscaban
hacer más cosas.
Basta ver la lista de participantes
de esa primera edición para entender el acierto. El doctor
Juan Guiu, que salió en el Sirocco Apy de la Asociación de
Patrones de Yate, alcanzó con los años el rango de gurú y
padre espiritual de muchos navegantes solitarios. La regata
Memorial Juan Guiu es uno de los eslabones importantes del
calendario para esos hombres.
Guiu y Vidal colmaron las
esperanzas de Beghetti participando más adelante en la regata
en solitario transatlántica, la mítica Transat. Vidal siguió
participando en una Withbread, como navegante en el velero
italiano BB Italia, y patroneando más tarde un velero español
en la regata Parmelia.
Jordi Riera, otro participante,
había ya cruzado el atlántico en solitario y se marcharía
más tarde en su goleta de acero Gaia a dar la vuelta al mundo,
durante la cual fallecería debido a un paro cardíaco.
Ricardo Zendrera, que venció
en la prueba, navegaba en un Puma 26. Enrique Vidal usaba
un velero idéntico. Otros participantes disponíamos de Hustlers,
28 pies de Holman & Pye construidos por Nick Kenyeres,
o de Coronados 25. Los Siroccos pilotados por el doctor Guiu
o por Jesús Aparicio Bernal, con sus 9 metros largos de eslora,
eran considerados barcos grandes.

Kuhane Puma26 - Vencedor 1ª Edición
Pioneros o inconscientes,
sin saber siquiera cómo se se podía dejar el timón para ir
a proa a cambiar un foque, trazando con el lápiz en la boca
estimas supuestas sobre una carta y soportando como podíamos
el sueño que nos vencía tras horas y horas de aguantar la
caña, los participantes de la primera Mare Nostrum aprendimos
allí un montón de cosas.

INNOVACIONES
Que la regata en solitario
era un "bicho raro" en aquellos tiempos lo demuestra el lapso
entre primera y segunda edición: hasta septiembre de 1977
no pudo dar Beghetti la segunda salida, siempre bajo la mirada
suspicaz de las autoridades de marina y las caras excépticas,
aunque diplomáticas, de los federativos.
Entre los navegantes, sin
embargo, había un deseo indiscutible. Muchos eran los que
buscaban un terreno donde entrenar, demostrar, abrirse camino.
Planteada ya con su recorrido de vuelta a las Baleares por
estribor, en una sola etapa, la segunda Mare Nostrum reunió
a gente que luego han hecho muchas cosas en la náutica:
Victor Sagi hizo en esa
regata su primera aparición en solitario. También sería luego
Sagi un participante español en la Ostar, además de liderar
un equipo de Admiral's Cup. Y Joaquín Coello, quien luego
correría una Ruta del Rón, diseñaría y lideraría el Licor
43 en la Withbread y acabaría diseñando barcos para la Copa
América.
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Victor Sagi
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Joaquín Coello
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¡La despedida del Solitario! -
1977
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Esa prueba eligió para iniciarse
en lo solitario Enrique Gómez Curt, que luego se ha consagrado
como editor de la revista Skipper, además de regatista de
alto calibre. También estaban allí Santi Perelló y Miguel
Feu, fundadores de la que fue la primera empresa de chárter
conocida como Escuela Alfa. Y Pepe Ferrés, socio de ambos
en la citada escuela, que acabaría convirtiéndose en organizador
de regatas de altura como la Ruta de la Sal y la ruta de la
Tramuntana.
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Victor Sagi ya está dando al winche
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BARCOS MÁS MODERNOS, SPONSORS,
COMPETICIÓN MÁS CERRADA
Cuando alcanzó la tercera
edición, en 1979, la Mare Nostrum se había ya convertido en
el lugar obligado para quien quería hacer algo en la náutica.
Nada menos que 30 participantes, récord en toda su historia,
reunió esa regata para la que Beghetti logró incluso organizar
unas pruebas costeras clasificatorias, y que gozó del beneplácito
de las autoridades.
Para entonces ya José Egui
había comercializado de forma seria su piloto Bogasol, capaz
de gobernar con precisión un casco de doce metros en cualquier
rumbo, y había algunos enrolladores en la flota. De lo importante
que ese piloto llegó a ser para la náutica española nos habla
la cifra de 500 mecanismos vendidos, desde 1976 a 1988, por
su fabricante.
Si se seguía calculando
la posición por medio de la corredera de hélice y el Seafix,
la ayuda del piloto permitía hacerlo con calma sobre la mesa
de cartas. También ayudaba a dormir algunos ratos y mantener
un rumbo fiable, con que aumentaban la seguridad y la velocidad.
El vencedor, el valenciano
Quico Moret, navegaba en un Puma 34 preparado para regatas
y demostró lo que un solitario entrenado y profesional podía
hacer.
Pero había barcos aún más
grandes: José Luis Ferrer usaba un Northwind, modelo que dos
años antes se había considerado apto para competir en la Admiral’s
Cup con nueve tripulantes a bordo. José Luis Vives se trajo
un Carter 37 que patrocinaba El Periódico, otra innovación
en toda regla.
Los spónsors: en vela, para
aquel entonces, se consideraban casi pecado. Sólo regatas
"sacrílegas" como la Mare Nostrum los aceptaban. Santiago
García Gascón, con su ½ Tonelada Elvstrom de Fibrester, iba
bautizado por Jaeger. Enrique Gómez Curt llevaba un Dyone
98 al que ponía nombre Burberrys. El mismo Gómez había participado
aquel año en la regata de la Aurore como único representante
español.

Santiago García Gascón
Juan Guiu consiguió que
tres de sus tripulantes, Isidro Martí, Victor Cirera y su
propio hijo Toni salieran a la regata, a pesar de contar todos
ellos sólo con 17 años. Toni Guiu haría más tarde de patrón
del Fortuna Lights en la regata alrededor del mundo Whitbread
de 1985-86, en compañía con Jordi Brufau. Isidro Martí participó
también en dicha Whitbread, fue más tarde tripulante del maxi
Hispania, dirigió Yate durante algo más de dos años y organizó
la expedición del yate Rael a Patagonia. Según explica él
mismo, dicha Mare Nostrum le cambió la vida.

QUIEN
ES QUIEN
Verán ustedes que estas
líneas se parecen más a una crónica de sociedad, repleta de
nombres y currículos, que a un auténtico repaso histórico.
Hay una razón para ello, y es el efecto que tuvo la Mare Nostrum
en el latir de la náutica española.
Había en los años 70 mucha
gente nueva, barcos nuevos, afición y deseos de salirse de
las cuatro regatas tradicionales, las Copas Españas y los
viajes a Inglaterra, donde seguía dominando la atmósfera del
"blazer" azul y los nombres aristocráticos.
En la Mare Nostrum se apoyaron
muchos de los que, en aquellos mismos años, o más tarde, realizaron
gestas y modificaron el deporte de la vela español. La Mare
Nostrum, primera regata en solitario del Mediterráneo, única
durante años, era el terreno que buscaban.
Albert Bargués y Jordi Nadalmany,
dos españoles participantes en regatas oceánicas internacionales,
hicieron sus primeros pinitos en regatas Mare Nostrum. Lo
mismo va para Angel Rojas, el más activo de los navegantes
solitarios españoles de la actualidad. Y Javier Samsó, Bubi
para los amigos, quien planea correr la Ruta del Ron de este
otoño a bordo del 60 pies Mundus.
Hay que citar también a
Pere Truke, a quien muchos conocieron en los años 80 vendiendo
Fortunas por toda España. Truke ha terminado recientemente
un perímetro alrededor del mundo, realizado en uno de los
veleros que él promocionaba y en buena parte en solitario.
Su historia debería contarla él mismo.

LOS AÑOS DE LA CRISIS
En la edición de 1981 salieron
16 barcos, algo más de la mitad que dos años antes. Venció
José Luis Ferrer con su Puerto Príncipe, trimarán diseñado
por Xavier Soler. Fue el primer multicasco de regata que navegó
en aguas españolas y con tripulación -solitario- español.
Pero la tendencia era a
la baja. La crisis económica atacaba por todos los flancos:
costaba obtener dinero de patrocinadores, los clubes no querían
mojarse y ayudar, las instituciones eran remisas a dar permisos.
No olvidemos que, por entonces, la Mare Nostrum seguía siendo
una regata libre, no adscrita a ninguna institución ni parte
de ningún calendario. Ese era el espíritu que tanto Beghetti
como los primeros participantes habían querido darle.
Pero eso se mostraba, en
aquellos años, poco adaptado a los tiempos. Por más que Beghetti
y sus colaboradores hacían llamadas de teléfono, visitas y
dossieres, la cosa no iba adelante. En 1984, nuestro director
tuvo que dar él personalmente, sin apoyo, la salida a José
Luis Vega, el único presente en la línea de salida. Vega,
que había venido expresamente de Valladolid, es sea dicho
pasando el solitario que más veces ha participado en una Mare
Nostrum: 10.

José Luis Vega
Hasta 1987 quedó abandonada
la Mare Nostrum por la falta de medios y permisos. Ocurrió
entonces que Guiu, Sagi y los jóvenes que volvían animosos
de la Whitbread se reunieron para intentar resucitarla. Como
no había presupuesto para nada, estuvieron a punto de darse
la salida ellos mismos: quedaban el día de septiembre elegido
en la bocana de Aiguadolç, en Sitges, y ponían rumbo a Menorca.
Para las llegadas bastaba que cada uno se tomase el tiempo.
Fue esta edición la "fastnet"
de la historia de la Mare Nostrum, con una borrasca que obligó
a retirarse a los 8 participantes.
De hecho la prueba terminó
siendo una regata auténtica, pues gracias al empeño de José
del Vallés, secretario de la RANC, se logró que el Puerto
de Aiguadolç montase una línea de salida. La línea de llegada
y la toma de tiempos no llegaron a ser necesarios, como se
ha dicho, por la retirada de todos los participantes.
Para 1988 eran otra vez
ocho solitarios los inscritos, con victoria de Toni Guiu,
hijo de Juan Guiu, pero en 1989 eran sólo 3 y se suspendió
la edición. Los tiempos eran bajos para la navegación en solitario.

Toni Guiu - 1988

SOLITARIOS
Y A DOS: NORMALIDAD
Así lo vio Victor Sagi,
que para entonces se había erigido presidente de la asociación
de solitarios. Para la próxima edición, celebrada en el año
90, se dio paso a las tripulaciones en doble. De lo acertado
de la medida da cuenta la proporción de inscritos para el
recorrido Barcelona-Barcelona, siempre dejando las Baleares
por estribor: 5 solitarios para 7 tripulaciones en doble.
Desde entonces la Mare Nostrum
entró en su mayoría de edad. Convivía ya con otras regatas,
en solitario o a dos, y registraba los altibajos que todas
las pruebas sufren. Sus ediciones no se vieron ya dificultadas
por las trabas de las autoridades.

Zeta de A. Zerolo - 1991 - Vencedor Solitarios
La edición del año 91 volvió
a alcanzar la cifra récord de 30 salidos, con 8 solitarios
y 22 barcos en doble.
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Duende
de J. Rodriguez y J. Costa - 1991 - Vencedores
A Dos
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Jacinto Rodriguez
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Volvió a descender en 1992
(5 y 16), se mantuvo en 1993 (6 y 17), registró un descenso
en los dobles en 1994 (7 solitarios y 9 dobles) y mostró un
animador empate en la última edición: 10 solitarios por 10
tripulaciones dobles. Destaca en esa última edición la victoria
en solitario de Angel Rojas, que participaba por quinta vez.
Estas ediciones posteriores
a la crisis de los ochenta se han caracterizado por algo que
podríamos llamar "normalidad": organizadas por estamentos
como la RANC y la Asociación de Solitarios, inscritas en el
calendario y más o menos apoyadas por la federación, se han
convertido en algo esperado por muchos.

PROGRESO TÉCNICO
Si no tienen la característica
heróica de las primeras ediciones -milagrosa habría que apuntar,
viendo las dificultades con que enfrentó la regata en sus
primeros años- siguen siendo una excelente plataforma de entreno
y lanzamiento para todos los navegantes. Las casi 500 millas
del recorrido, que sigue dando la vuelta a las Baleares por
estribor, ponen a prueba la pericia y la resistencia de cualquiera.
Los barcos actuales llevan
casi todos pilotos eléctricos. Los últimos vencedores, entre
los que destacan Toni Guiu, Miguel Alvarez y Angel Rojas,
usan veleros de regata modernos, casi al nivel de lo que se
ve en los competiciones IMS.
Por supuesto que resulta
fundamental la tecnología de los GPS, con que cualquier solitario
sabe instantáneamente dónde está y qué rumbo tiene que hacer
para llegar a su waypoint. Pero más saludable resulta la presencia
de las radio VHF y, por qué no, los teléfonos móbiles. El
solitario necesita comunicarse, ya sea con tierra ya con sus
propios competidores. Durante las regatas Mare Nostrum el
tráfico en la radio es constante. Se sienten esos hombres
así un poco menos solos.
Pero siguen navegando solos.
Eso no ha cambiado desde 1973.
por Carlos Serra
(Agradecemos a Josep
del Vallés, de la RANC, las informaciones que nos han servido
para la confección de este artículo)

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